Completar 33

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Hoy completo 33 años de vida que transcurrieron, como diría Chespirito, así “sin querer queriendo”… 33 años en el que he aprendido a ser cada día más independiente, más perseverante, a luchar mejor por mis ideales. También he aprendido a caminar cada día mejor junto al Señor, dejar que las cosas sean a Su manera y no a la mía; he aprendido a distinguir mejor Su voz y a creerle un poco más cuando me promete algo en medio de mi temor (¿o quizás debería decir en medio de mi autosuficiencia?).

33 es un número respetable. No son pocos años, tampoco son demasiados, pero suman sobretodo a la madurez. Una etapa en la que se espera de uno mucho más. En el fondo sé que soy yo mismo quien espera mucho más… pero sigo aprendiendo a evitar ser tan exigente conmigo mismo y con Dios. Porque si hasta aquí hemos llegado ha sido sólo por Su gracia y porque así le plació a Él sostenernos.

Guardián

Recuerdo que cuando era pequeño soñaba con muchas cosas para esta edad. Recuerdo especialmente un momento particular en que empecé a preocuparme por el futuro de mi perro Guardián, mi primera mascota. El llegó a nuestra vida ya grande. Al parecer alguien lo habría llevado hasta nuestro barrio y desde un carro lo botaron. Llegó todo asustado a la puerta de mi casa. ¿Por qué prefirió nuestra puerta antes que cualquier otra del barrio? no lo se, pero un día decidieron hacerlo parte de la familia y se convirtió en nuestra mascota fiel.

Pasados los años, siendo su edad incierta para mi, me comenzó a preocupar cuánto más viviría él entre nosotros. Recuerdo que me prometí trabajar duro para comprarme una casa grande que sea para mi perrito el mejor lugar donde pudiera pasar los últimos años de su vida. Pero eso nunca sucedió.

Cuando tenía 17 años tuvimos que mudarnos de casa y a donde íbamos Guardián no podría ir. Un familiar se lo llevó a una casa grande y espaciosa en Manchay, ahí él seguiría haciendo honor a su nombre.

Pero un día este familiar se fue de viaje y descuidó su alimentación. La última vez que lo vi, lo encontré muy desnutrido y al poco tiempo me enteré que había pasado a mejor vida (no me cabe duda, que a seguir viviendo de la manera en que lo tuvieron, él pasó a una mejor vida). Recordé entonces mi antigua promesa de darle lo mejor en sus años finales y ¡qué frustración!.

No quise pensar mucho en la situación, pero en lugar de eso, sin querer, reforcé una idea en mi interior: necesito llegar lejos, profesional y económicamente, para evitar que cosas como estas le sucedan a quienes amo.

Lecciones

Grandes lecciones tendría preparadas Dios para mí. Me permitió culminar una carrera de administración, que supuestamente sería mi pasaporte al logro de esa gran meta: alcanzar el puesto gerencial -o formar el negocio propio- que me haría millonario… Ninguna de las dos cosas pasaron y Dios me tuvo que llevar por otro camino: buscar el éxito siguiendo mi verdadera pasión.

El Señor me llevó por caminos sinuosos una vez que terminé la carrera. Nada de lo que hacía lograba que me sintiera satisfecho. Fue así como a mis 27 me sentí en la obligación de seguir mi verdadera vocación y comenzar una nueva carrera. Tuve que pasar varias penurias en ese tiempo que fui obligado a aprender, por las buenas y por las malas, que mi vida está segura sólo en Él aunque las circunstancias no lo parezcan.

La nueva carrera que elegí me llevaría a cumplir uno de mis sueños, trabajar en lo que realmente disfruto: la creatividad.

Pero quizás sea bueno contar que para llegar hasta aquí nada fue fácil. En mis épocas de colegio yo pensaba que creatividad sólo se trabajaba desde una agencia de publicidad (carrera que aunque la quise nunca pude estudiar), luego pensé que marketing podría ser todo lo que necesitaba (y, aunque era estudiante de administración, nunca se abrieron las puertas para hacer prácticas ni trabajar en ese área). Finalmente estudiando mi segunda carrera, comunicación, Dios me mostró un camino aún más interesante, el PR o (Relaciones Públicas).

Hoy puedo decir que trabajo en la agencia ideal. Pero aún me falta el sueldo ideal. También sé que este no es el final. Es sólo un paso más del largo camino que Dios todavía me tiene preparado recorrer. Y no es que dé por sentado que “el sueldo ideal también llegará”. En realidad ni siquiera sé si llegue, ni me estresa saberlo. Lo único que sé es que, mientras ande en Su voluntad, Él siempre me sostendrá, que “aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno porque [Él] está conmigo” y que no existe “justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”.

Obviamente, soy consciente de que eso no vendrá de gratis, tengo que ser fiel en donde Él me ponga. Pero Su provisión es algo que sólo Él sabe dar mejor que lo que yo me sé dar a mi mismo. En Él y en Su Amor estoy seguro.

Completar 33 de la mano de Dios, no hay nada mejor. Sin Él no hubiese sido mejor. Sin Él los años que vienen tampoco lo serán. Es una aventura que sólo junto al Padre se puede disfrutar al máximo. Y no podría ser de otra manera. ¡Gracias Señor, eres espectacular!

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