¿En quién está tu confianza?

(2 Re.13:14-19)

confianza-42

Había una vez un rey muy valiente que defendía su reino con hidalguía contra los ataques de otros reinos vecinos.

Él heredó un reino algo destruido, en anteriores ataques había sido despojado de sus principales armas de guerra, quedándole sólo un carro y unos cuantos miles de soldados”.

En ese tiempo vivía también un profeta que rindió toda su vida a advertir al pueblo de los malos caminos por los que andaba. El los motivaba a que cambiaran de actitud y que se volvieran a Dios. Pero su presencia no agradaba a los reyes que lo conocieron, en realidad, les era un fastidio pues les recordaba sus errores y pecados. El nombre de éste profeta era Eliseo.

Un día el rey visitó al profeta para pedir su consejo. Esto representaba también un reconocimiento al abnegado y menospreciado servicio de Eliseo a su pueblo.

El rey, cuyo nombre era Joás, estaba muy preocupado, pues aunque había defendido valientemente su territorio, no veía cambios en su situación bélica. Seguía teniendo un sólo carro de guerra y soldados.

Con desesperación llegó a los brazos de Eliseo y llorando pidió su consejo. El profeta en lugar de darle una promesa de parte de Dios y luego despedirlo, prefirió animarlo de una forma diferente.

La promesa de Dios

La promesa se la daría a manera de ilustración:

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Primero le dijo “toma el arco”, objeto que simbolizaba la razón de su preocupación, su decaído poder bélico.

Luego el profeta de Dios puso sus manos sobre las manos del rey. Una manera de representar el respaldo que Dios le ofrecía a Joás en este asunto.

Seguidamente le pidió al rey que abriera la ventana hacia el este. Dirección que apuntaba al pueblo que lo amenazaba en aquel entonces.

El profeta le pidió que disparará. El rey disparó. Y Dios (por medio de su siervo) le promete al rey la victoria completa sobre sus enemigos.

Wow, diría yo, ¿así de simple? ¿Tal como lo he visto graficado sucederá?

Pero Dios no ha terminado, Él intenta probar la fe del rey.

El profeta le pide ahora, que tome flechas y las dispare contra el suelo. El rey toma un puñado de flechas, pero dispara solo 3…

¿Que pasó? – le preguntaría yo a Joás – ¿No fue motivador y emocionante para ti saber que Dios está contigo, y que con tirar una sola flechita recibiste toda su bendición? Si yo hubiera estado en tu lugar, habría lanzado hartas flechas por la alegría y la emoción, de las promesa que Dios me dio, y estaría ansioso por saber que más tiene Dios para mi luego de lanzar esas flechas.

El hombre de Dios, reaccionó de forma similar; se indignó y con tristeza tuvo que decirle al rey que ya no exterminaría a sus enemigos. Ahora, conforme a la fe en Dios que el rey había demostrado, sólo ganaría 3 batallas.

No pierdas la bendición

Muchas veces me pregunto. ¡¿What pasa?! ¿Qué nos pasa con Dios? Cuando Él nos pide que demos pequeños pasos de fe para demostrarnos toda su bondad, nosotros le obedecemos a medias, o buscamos formas menos dolorosas a la obediencia, o lo que es peor, a veces ni siquiera lo hacemos.

¿Es que acaso no creemos que Él es TODOPODEROSO para darnos TODO lo que necesitamos? Él lo puede hacer en menos de un segundo si quisiera, con decir sólo una palabra lo podría hacer.

Pero no estamos frente a un padre irresponsable que engríe a sus hijos, Él nos ama y desea vernos crecer en carácter. Por eso demanda de nosotros actos de obediencia que son indicadores de nuestra plena confianza en su Amor.

Joás, acabó su reinado y fue uno más de los tantos reyes mediocres que tuvo Israel, no logró nada nuevo ni bueno para su pueblo. Su búsqueda empezó mal: Buscó a Dios por la bendición, pero no estaba dispuesto a depositar su fe en Jehová de los Ejércitos. Probablemente el quería en realidad creer en JOÁS de los ejércitos, quería ser él quien libre al pueblo de la opresión, y entonces ser aclamado y querido por todo mundo.

¿Cuántas veces a nosotros también el orgullo nos hace perder la perspectiva correcta?

Nos cuesta entender que “no se trata de mi, se trata de Él. No se trata de que yo sea exaltado, se trata de que Él sea exaltado”. No se trata de lo que yo crea que es mejor para mí, se trata de lo que Él cree que es mejor para mí.

Fe

Quizás hasta ahora hemos venido a Dios con nuestros problemas a pedirle que nos ayude a solucionarlos, y quizás hasta nos conformamos con que tan sólo otro venga y nos diga, “no te preocupes, Dios me ha dicho que todo esta solucionado” pero Dios quiere tener una relación personal con cada uno de nosotros, Él anhela esa relación con nosotros. Sólo nos pide un paso de fe a la vez. Si no eres hijo de Dios ese paso de fe empieza por invitarlo a tu corazón. (Si quieres saber cómo sigue este enlace.)

Sal. 42:5 ¿Por qué te abates,  alma mía,
y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios,
porque aún he de alabarlo,
¡salvación mía y Dios mío!”

Es sólo cuestión de Fe…

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